Si suena bien, es bueno: Los beneficios de la música para los niños

junio 21, 2021


Yo tocaba Bach para mi hijo cuando era bebé. En los primeros meses de su vida, sostenía a Julián en mis brazos y movía mi cuerpo al ritmo fuerte y regular de los Conciertos de Brandenburg. Después de haber crecido un poco, él decía “toca Bach,” y brincábamos juntos por la casa. A veces, batíamos nuestros brazos como alas y nos mecíamos con el ballet Laguna de los Cisnes de Tchaikovski. Pero no nos limitábamos a los clásicos del pasado. Las salidas con él en su carriola me estimulaban mis inclinaciones creativas—aunque tengo pocas habilidades de músico—e inventé mi propia versión de la canción del grupo Las Supremes, “Amor Bebé” (“Baby Love”). Mi versión era algo así: “Amor bebé / mi amor bebé / él es pequeño y dulce, mi amorcito bebé / Y aunque le guste babear / Aún diré, ese niño es genial / Bebé, bebé, bebé,” le cantaba a mi audiencia de una persona. Y parecía que le gustaba, aunque yo no sonaba precisamente como Diana Ross. Julián también era un gran fan de “Rockin’ Robbin,” el éxito de Bobby Day que le canté cuando llegó por primera vez a este mundo.

En ese momento, pensaba que sólo estaba entreteniendo a mi hijo. Pero ahora he aprendido que la música tiene muchos otros beneficios para los bebés y los niños pequeños. Un ambiente rico en música que incluye escuchar, cantar y moverse ayuda a los niños a avanzar hacia el aprendizaje formal. Esto es porque los niños que participan en actividades relacionadas con la música acceden a una gran variedad de destrezas al hacerlo. La música ayuda a los niños pequeños a construir las redes cerebrales que apoyan la percepción visual, la memoria, y la autoexpresión—calidades que tienen un papel central en el aprendizaje.

¿Es innata nuestra respuesta a la música, o es el resultado de nuestra crianza? Probablemente son ambos, porque la música puede ser nuestra lengua nativa. Muchos estudios de la neurociencia sugieren que el cerebro procesa el habla como una forma especial de música. También es probable que la música tenga raíces profundas en el desarrollo humano, ya que las personas han hecho música desde tiempos prehistóricos. Los arqueólogos han hallado restos de una flauta primitiva del tiempo de los neandertales, y los sicólogos han encontrado evidencia de conexiones entre la música y la evolución humana. A juzgar por las formas en que responden nuestros cerebros y cuerpos, es posible que seamos programados para la música.

Hasta los bebés tienen ritmo, como lo señalan investigaciones bien sustentadas. Las canciones de cuna reducen su ritmo cardíaco y los hacen dormir más profundamente. Los bebés de dos y tres días de edad reconocen los patrones rítmicos de tambores, según escaneos cerebrales, y se sorprenden cuando un baterista pierde el ritmo. Y después de unos pocos años, pueden tener puntos de vista perceptivos sobre lo que están escuchando, dice Nicola Benedetti, una violinista escocesa renombrada, quien hace campañas a favor de la educación musical en escuelas de bajos recursos. “En muchas ocasiones,” dice ella, “He aprendido más de las piezas que estoy tocando mediante las respuestas de un niño de cuatro años al escucharme, que de cuatro años de estudios y de aprendizaje profesional.”

Pero a los niños no les gusta quedarse en segundo plano cuando otra persona interpreta. Cuando los niños participan en actividades basadas en la música, tales como cantar, moverse con la música o tocar instrumentos, sus mentes, sus sentidos, y sus músculos se activan, promoviendo su crecimiento general. Y la música también fortalece sus destrezas sociales en un ambiente grupal. Por ejemplo, cuando los niños en edad preescolar aprenden una canción de acción, ellos usan sus ojos para ver la maestra y mueven sus cuerpos para imitar lo que hace la maestra. Ellos escuchan la música con sus oídos y tratan de repetir lo que está cantando la maestra. Ellos observan lo que están haciendo sus compañeros de clase y se sintonizan con la onda del grupo.

¿Quiere ayudar a los niños iniciar su día con buenas vibraciones?  Lori Anderson, Gerente Sénior de Mercadeo en el Concilio, recomienda tocarles algunas canciones viejas pero buenas. “Como directora de un campamento de verano en mi iglesia, yo iniciaba cada día tocando música para los niños,” recuerda ella. Como mayormente eran niños de color, los quise familiarizar con las leyendas de su comunidad. Así que les tocaba piezas de cantantes como Aretha Franklin, Nat King Cole y Billie Holiday, y les hablaba un poco a los niños sobre la música. Les gustaba especialmente a “No es Asunto de Nadie si lo Hago” (“Ain’t Nobody’s Business if I Do”), y cuando lo tocaba, les dejaba levantarse y bailar. “Eso los animaba para todas las actividades venideras. “Después, hablábamos de lo que ellos habían hecho ese día y les tocaba algo tranquilizante, tal vez una canción religiosa, para prepararlos para ir a sus casas.”

Los niños también tenían la oportunidad de escuchar música en vivo, ya que el campamento invitaba a huéspedes especiales, incluyendo un violinista que tocaba música clásica y un grupo de músicos que tocaba tambores de acero. “La música formaba una parte integral del campamento,” dice Lori. Y también formaba parte de cómo ella creció y cómo ella crio a su hija, Joy.

Cuando Lori era una niña pequeña, su mamá le tocaba muchas canciones del recuerdo, y Lori hacía lo mismo con Joy. “Cuandoquiera que estábamos en el carro, mi marido y yo tocábamos para Joy la música que nos encantaba,” recuerda Lori. “Podía ser música de los Jackson Five, James Brown, Earth, Wind and Fire, o Elton John. Ella llegó a conocer la letra de las canciones y los aspectos de los cantantes.” Y Lori era quien dijo una vez a sí misma “Caramba” en una ocasión cuando apareció Little Richard en la televisión.  “Nunca me olvidaré del momento cuando PBS transmitió un espectáculo sobre Little Richard,” exclamó ella, “y Joy reconoció quién era”.

PBS sabe que la música resuena con los niños, y le ha dado un papel protagónico en dos famosos programas televisivos para niños. Plaza Sésamo ha utilizado muchos estilos de música como herramienta de enseñanza desde su debut en 1969. Mr. Rogers creó un sentido de vecindario a través de las canciones que él compuso y cantó. También invitó a algunos de los mejores intérpretes del mundo—el celista Yo-Yo Ma, el pianista Van Cliburn, el trompetista Wynton Marsalis y muchos otros—a ser artistas huéspedes de su programa. ¿Y qué tocaban estos virtuosos musicales cuando llegaban? “Siempre tocaban algo compuesto por ellos y después tocaban algo que los niños reconocerían del programa,” dijo Joe Negri, un guitarrista de jazz y profesor de música que jugaba el rol del Encargado de Mantenimiento Negri en el programa. “A muchos de los invitados les gustaba la canción de Fred titulada ‘Eres Tú a Quien me Gusta,’ y terminamos tocando ‘Árbol, Árbol, Árbol’ con Yo-Yo. Era sencillamente bello”—exactamente como lo hubiese querido Rogers. “Si alguien merece escuchar nuestros mejores artistas,” dijo, “son nuestros niños.”

Esa también es la convicción detrás de los conciertos Bach a Bebé que se realizan en Londres y sus condados colindantes. La audiencia en estos conciertos suele ser un grupo animado. Algunos babean y chillan. Otros chupan sus bebidas con mucho ruido. Y algunos de ellos bailan a las piezas musicales de Beethoven, Dvorak y Vivaldi. El tono del salón es distinto al que usted encontraría en su típico concierto de música de cámara. Pero ese es el punto de los conciertos Bach a Bebé, dirigidos a bebés, toddlers, y sus padres o cuidadores. Una niñera que asistió a los conciertos con su encargado de 15 meses dijo, “a Josephine le encanta la música. Yo soy gran aficionada de la música clásica y la ópera, y esta es una oportunidad para hacer algo juntos que a los dos nos gusta mucho.” Para satisfacer a gustos diversos, Bach a Bebé realiza conciertos en otros géneros musicales, incluyendo la ópera, el jazz y la música folclórica tradicional.

Escuchar música de culturas múltiples puede fomentar una sensación de comunidad, tal como sucedió en La Placentia, California, donde el programa de educación infantil Even Start realizó talleres de música para familias inmigrantes recientes. Los talleres usaron música para fomentar la adquisición de idiomas, el fortalecimiento de relaciones, y para diversión. Al aprender los padres formas de compartir la música en su hogar, esto fortalecía los lazos familiares, según una de las mamás. “Nos gusta más estar juntos. Y yo dejo de pensar, ‘Ay, ¿qué voy a hacer con ellos?’ Ahora nos gusta jugar, y ellos me dicen, ‘Mamá, ven a ver, ya.  Ven a bailar con nosotros y a jugar,’” dijo ella. Y familias de Even Start como la suya también se divertían mucho cuando se juntaban para compartir música de sus países diferentes. Esta celebración de la diversidad ayudó a los niños obtener un sentido de identidad que armonizaba su pasado y su presente, sus propias tradiciones y las de su nuevo país.

Los programas infantiles pueden promover la inclusión cuando dan a los niños la oportunidad de escuchar música mariachi o bhangra, junto con canciones de Plaza Sésamo y marchas de John Philip Sousa. “Cuando usted incorpora las danzas culturales y movimientos de los niños, usted les provee oportunidades para aprender más de sí mismos y de otros,” señala el Concilio en Fundamentos para Trabajar con Niños Pequeños. “Usted también los alienta a expresarse en un ambiente donde se sienten respetados y valorados. La música es parte del alma de las personas. Las raíces de cada cultura incluyen la música, y se celebra con canciones cada evento importante de carácter personal y social, desde las fiestas de cumpleaños hasta eventos deportivos.” Y el Concilio les aconseja a los educadores infantiles utilizar el poder la música, separando un espacio con los siguientes componentes:

  • Instrumentos utilizados en las culturas de origen de los niños, tales como los tambores de acero de las Antillas o los palos de lluvia de tribus nativos de las Américas.
  • Instrumentos de elaboración casera: tambores hechos de cajas de avena, platillos hechos de moldes de pastel descartables de aluminio, y maracas de shakers
  • Instrumentos de ritmo: triángulos, campanitas de tobillo, tambores, cascabeles, panderetas y marimbas
  • Software para escuchar y componer música y aprender sobre el baile
  • Accesorios como serpentinas, bufandas, lazos, banderas, disfraces, pilotes bajos y aros de hula para moverse y marchar a la música
  • Una gran variedad de música grabada—incluyendo canciones infantiles, música de las culturas de los niños y lenguas de sus lugares de origen, junto con rock, pop, country, música de programas y películas, hip-hop y jazz.

Mientras más música toca usted para un niño, mayor será el aporte de ésta a su crecimiento. Ya sea que una niña va a ser la siguiente Beyonce, o sólo le gusta cantar en la ducha, indudablemente se beneficiará de su contacto con la música. La música apoya a todo tipo de aprendizaje—y lo que escuchan los niños puede permanecer con ellos el resto de sus vidas. Por ejemplo, el director general del Concilio, el Dr. Calvin E. Moore, Jr., es un cantante a quien le gusta cantar y bailar con sus dos hijas. “Siempre hemos tenido música en nuestras vidas,” dice él, “y mi hija mayor es una cantante destacada, quien interpreta música en nuestra iglesia.”

El amor de mi mamá a la música también tuvo un impacto duradero en mí y en lo que hice con mi hijo. Mi mamá me dijo en una conversación reciente que ella, también, tocaba Laguna de los Cisnes para mí cuando yo era toddler, y que yo agitaba mis brazos mientras decía “música, música.” Yo no recuerdo esto, pero décadas después, voy a ver Laguna de los Cisnes casi cada año—y siempre me hace llorar. Aun así, uno no tiene que tocar la música clásica para ayudar a los niños pequeños a abrir sus alas, desarrollarse y aprender. Los niños se benefician de la música, sea que estén escuchando a Tchaikovski o los Jackson Five, un concierto de Bach o Benny y los Jets. “Si suena bien, es bueno,” como lo dijo Duke Ellington.  Y es bueno que los niños lo escuchen.

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