La magia que no existe en línea

julio 22, 2020

«Los programas de computación no son un sustituto de la escuela preescolar real, no más que el títere de madera Pinocho era un niño real», de acuerdo con Steven Barnett, codirector del Instituto Nacional para la Investigación de la Educación Infantil. El Hada Azul usó sus poderes para dar vida a Pinocho, pero se necesitará más que magia para poder ayudar a los niños pequeños en el momento actual. «Los niños pequeños aprenden mejor a través de actividades prácticas, interactuando con adultos y otros niños», señaló Barnett cuando la pandemia del COVID-19 obligó a que el aprendizaje infantil fuera virtual. Desde entonces los padres se preguntan qué están perdiendo sus hijos pequeños.

La respuesta depende de cómo es la vida en el hogar de los niños y el acceso a la tecnología, como se puede observar cuando se conversa con una madre soltera que está teniendo problemas con los dispositivos electrónicos. Zarinah Poindexter es una ayudante de enfermería en un hospital de la ciudad de Kansas, una trabajadora esencial que trabaja turnos de 12 horas. Asegurarse de que sus tres niños de 2, 10 y 12 años continúen con su ritmo escolar «es demasiado», suspira. «Ellos no están acostumbrados a quedarse en casa, y yo no tengo todo el equipo que necesito para ayudarlos». Un virus electrónico dañó su computadora portátil, uno de sus hijos rompió su tableta, y su computadora de escritorio está en reparación. Aun cuando la computadora de escritorio se repare, señala Pondexter, tendrán que compartirla. «Los niños están frustrados y no saben qué hacer». Así están muchos otros niños y sus familias.

A medida que las escuelas preescolares cambian al aprendizaje a distancia, ellos se enfrentan a una brecha digital de la cual hablamos en nuestro informe titulado Tecnología para cada niño: Cerrar la brecha digital. La mayoría de las familias de ingresos bajos y medios tiene alguna forma de conexión a internet, pero muchos tienen una conexión limitada, con acceso solo en teléfonos móviles y un servicio inconsistente. Por ejemplo, el 23% de las familias que están por debajo del ingreso medio y 33% de aquellas que se encuentran por debajo del umbral de pobreza, dependen únicamente de dispositivos móviles para poder acceder a internet. Cuando el acceso se mide por grupo étnico y raza, la brecha es aún mayor para las familias negras e hispanas, en particular las que proceden de otros países.

Las familias encabezadas por inmigrantes hispanos están menos conectadas que otras familias de ingresos bajos y moderados. El 10 % de las familias hispanas inmigrantes no tiene ningún acceso al internet comparado con el 7 % de hispanos nacidos en Estados Unidos, el 5 % de hogares conformados por familias blancas y el 1 % de hogares conformados por familias negras. Y, además, el 44 % de los padres hispanos inmigrantes no usa computadoras en lo absoluto.

La razón principal por la que algunas familias no tienen computadoras en sus hogares o acceso al internet es porque no pueden pagarlo, como señalamos anteriormente. Pero además, los padres tienen otros problemas con las computadoras y sus preocupaciones datan de antes de la pandemia. El 74 % está preocupado de que sus niños estén expuestos a contenidos inapropiados en el internet, un 63 % cree que el tiempo que ellos pasan usando tecnología les impide dedicarle tiempo a otras actividades importantes y el 34 % dice que le preocupa que los maestros sepan menos sobre las necesidades individuales de sus niños debido al tiempo que se invierte en el uso de la tecnología- una preocupación que es más común entre padres hispanos inmigrantes.

Las reservas de los padres reflejan el debate actual sobre el uso apropiado de la tecnología en la educación infantil. Algunos médicos, legisladores y educadores también están preocupados que el uso de la tecnología entre los más jóvenes pueda perjudicar las habilidades sociales y de motricidad gruesa, contribuir a la obesidad y disminuir el desarrollo de destrezas en otras áreas más allá de la alfabetización digital. Los niños pueden correr un mayor riesgo de desarrollar miopía y potencialmente contraer enfermedades oculares que lleven a la ceguera, a medida que pasan más tiempo frente a las pantallas, como arrojan estudios médicos recientes.

Necesitamos más investigaciones para poder medir el impacto de estas amenazas al bienestar y a la salud de los niños. Sin embargo, no hay duda de que «nada reemplazará que una persona esté realmente con otra persona» como expresara tan elocuentemente Fred Rogers, el difunto creador y presentador de la icónica serie de televisión para preescolares El Vecindario del Señor Rogers. «Pueden existir muchas cosas elegantes como la televisión y la radio, teléfonos e internet, pero nada puede sustituir la interacción cara a cara entre las personas».

«El aprendizaje en línea presenta desafíos, simplemente por la naturaleza de la bestia» de acuerdo con Gary Ritter, decano de educación de la Universidad de St. Louis. «Es difícil -de todas maneras- para la mayoría de los maestros capturar la atención de los niños la mayor parte del tiempo. Va a ser aún más difícil para ellos poder interactuar con los estudiantes a través de un nuevo medio con todo tipo de distracciones», apunta Ritter, «así que, incluso en el mejor de los casos, no será probablemente una experiencia tan enriquecedora como la que ocurre en un salón (aula/clase)». «Particularmente, a los niños más pequeños les resulta difícil interactuar de manera normal a través de una pantalla de computadora, por lo que los padres deben sentarse con sus niños durante las clases para ayudarlos a compensar lo que no pueden encontrar en línea.

Para la mayoría de los niños pequeños y sus padres, el aprendizaje en línea está suponiendo desafíos, señala Jarrell Harrois, maestra en Empowering Young Lives Early Childhood Academy en Steger, Illinois. «Es pertinente enseñar a los niños pequeños de esta manera porque no queremos que se queden atrás», explica. «Sin embargo, es diferente cuando los niños pueden venir a la clase, socializar y compartir sus experiencias con otros niños. Cuando la pandemia termine, yo pienso que los niños estarán felices de regresar a la escuela preescolar y sacar de sus mentes el aprendizaje virtual».

No solo los niños están teniendo dificultades, sino los padres también, señala. «Piensen en todas aquellas personas cuyos niños han sido enviados a sus hogares con paquetes de aprendizaje. Los niños podrían hacer el trabajo, pero necesitan la guía del maestro para entender por qué están haciendo las cosas de cierta manera. Además, los niños se desempeñarán mejor en un ambiente enfocado en el aprendizaje ya que existen muchas distracciones en el hogar. Muchos padres están acostumbrados a ayudar a sus niños con las tareas. Pero ahora tienen que incorporar esta rutina anormal a sus días, así que el aprendizaje en línea también les cambia la vida a ellos».

Muchos padres tienen dificultades mientras luchan por cumplir con estas nuevas demandas al mismo tiempo que mantienen sus puestos de trabajo y hacen las tareas domésticas. Sin embargo, los maestros tienen maneras en las que pueden ayudar a los padres a sentirse más cómodos con el aprendizaje en línea. Ellos pueden invitar a miembros de la familia a hacer videos de actividades de aprendizaje infantil en el hogar o tomar fotos de las que sus niños puedan conversar con sus compañeros. Ellos pueden recomendar aplicaciones de aprendizaje de alta calidad a través de boletines semanales o de un blog y pedirles que compartan sus favoritos. Los maestros pueden alentar a los padres a establecer redes de contacto y conectarse con otros padres como una forma de intercambiar ideas acerca de recursos sobre el aprendizaje en línea, recomendar tutoriales que han mejorado sus habilidades en computación y compartir maneras de sentirse más cómodos usando la tecnología para ayudar a sus hijos en el aprendizaje.

Los maestros también pueden apoyar a las familias en el acceso a tecnologías digitales para ayudarlos a mantenerse conectados. Ellos pueden ayudar a las familias con el aprendizaje a distancia dando instrucciones claras. Pueden proveer recursos en línea para facilitar el aprendizaje en el hogar, y deben ser conscientes de la carga desigual que el cierre de las escuelas preescolares tiene en los estudiantes y sus familias. Esto significa no ser crítico con aquellos padres que son menos hábiles para ayudar a sus niños a mantenerse al día.

Incluso los mejores esfuerzos para lograr que los padres se integren a esta nueva revolución en línea no cerrarán la brecha digital en estos tiempos disruptivos ni ayudarán a garantizar la equidad en la educación para todos los niños pequeños. Eso depende de las conexiones humanas que las computadoras simplemente no pueden reemplazar. El componente clave en un ambiente de educación infantil es la interacción cálida entre maestros y niños- la magia que no existe en línea, como lo expresó Rogers en 1994; «No importa cuán útiles sean las computadoras como herramientas», explicó, «y, por supuesto, pueden ser herramientas muy útiles, estas no pueden compararse con la importancia de la relación entre maestro y niño, la cual es humana y mutua. Una computadora puede ayudarle a aprender a deletrear la palabra ABRAZO, pero nunca sabrá el riesgo o la felicidad de dar o recibir uno de verdad.

Es triste decir que los abrazos estén fuera de lugar a medida que la pandemia altera drásticamente la normalidad de nuestras vidas. Muchas cosas han cambiado ahora, pero no así la naturaleza básica y las necesidades de nuestros niños pequeños. Ellos no son marionetas que actúan por voluntad ajena cuando uno los pone delante de una pantalla y tira de sus cuerdas. Son niños y niñas reales, seres vivos que necesitan ser guiados y apoyados por maestros cariñosos y competentes. Necesitan estar en un ambiente donde se fomente el compartir, los intercambios sociales con sus compañeros y el aprendizaje práctico. Esto es algo que ni siquiera el Hada Azul puede cambiar con mover su varita mágica. Por lo tanto, hasta que no pase esta crisis, a los educadores y padres solo les queda una vía por delante: tratar de adaptarse al cambio y pedirles a las estrellas el deseo de que vengan tiempos mejores.

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